Déjame contarte algo
que vemos todos los meses.
Una pyme cualquiera. Puede tener 15 o 180 empleados, da igual. Su gerente lleva el negocio desde hace años. Tiene un informático que le lleva los ordenadores, un antivirus en cada equipo, y alguna vez han hecho una copia de seguridad. Todo tranquilo.
Hasta que un lunes por la mañana pasa algo. Y no es algo raro: es uno de estos cuatro, los que se repiten cada semana en nuestra bandeja de entrada.
En todos los casos que vemos, el punto de entrada es el mismo: información de la empresa expuesta en internet que nadie sabía que estaba expuesta. Una contraseña antigua que alguien reutilizó. Un correo comprometido en una brecha de hace tres años. Un empleado cuyos datos están a la venta en la dark web. Cosas que la empresa ni sabía que existían.
Lo peor no es el ataque.
Lo peor es no haber sabido que estabas expuesto.